Hoy
en clase hemos visto la película Diarios
de la calle (Richard LaGravenese, 2007), y así nos hemos parado a pensar en cómo el
funcionamiento de una clase puede cambiar dependiendo de la manera en
la que el profesor enfoque su estilo de impartir lecciones. Erin
Gruwell es una principiante en el mundo de la docencia que elige ese
colegio por las supuestas buenas calificaciones de sus alumnos sin
saber, que en escasos años el resultado de estos ha ido cambiando a
causa del ingreso en dicho centro de alumnos con ciertos problemas,
similares entre sí.
Pese
a los problemas que esto supone, Erin desde el primer momento creyó
en el potencial de estos chicos problemáticos, consiguiendo al fin
confianza por parte de estos.
Por
ello, hemos llegado a la conclusión de que para conseguir la
atención de los alumnos se necesita tener cierto interés por sus
vidas privadas, intentando primero resolver estos problemas. Por
ello, para poder conseguir todo esto, necesitó varios trabajos extra
cuyo objetivo era ganar dinero cambiándolo por el interés de sus
alumnos. Cabe resaltar el cuaderno que les entregó a todos y cada
uno de ellos en el que escribirían todo lo que quisieran, pudiendo
expresar lo que llevaban dentro y así, ella podría ayudarles.
Con
esta película hemos reunido aspectos que nos gustaría que
estuvieran presentes en nuestra escuela ideal, independientemente del
carácter de los alumnos, puesto que para un buen aprendizaje, es
necesario captar la atención de cada uno de ellos. Hemos asemejado
este tipo de educación con un buen docente porque, ¿para qué sirve
vomitar durante un laaaaaargo periodo de tiempo toda la teoría e
irte satisfecho a casa aún sabiendo que tus alumnos mientras tanto
disfrutaban de una magnífica siesta? Para nada. Por ello, debemos
darle muchísima más importancia a la práctica, ya que realmente en
ella es cuando aprendemos, de ahí el lema “learning by
doing”.
Cuando estábamos viendo la película Diarios de la calle, se nos vino a la cabeza otra película, Los chicos del coro (Christophe Barratier, 2004), por la mera razón de que ambas películas tienen muchas partes en común, o por lo menos se las encontramos.
Primeramente,
la figura de la profesora Erin se asemeja a la de Mathieu. Ambos son
dos profesores que dan por primera vez clase en un colegio nuevo, en
los que los niños que les tocan son problemáticos. Por un lado,
Erin tenía una gran diversidad cultural en su clase, lo cual provoca
grandes tensiones entre los asistentes, ya que cada uno defendía a
los suyos. Su clase recibía el nombre de “los tontos”.
Por
otro lado, Mathieu se encontraba en un reformatorio, basado en la ley
“acción, reacción”. Los niños se encontraban en este lugar
debido a diferentes razones.
Por
lo que, ambos profesores van a buscar un cambio en sus alumnos, ya
que creían en ellos. Mientras que Erin se abre a sus alumnos,
mandándoles un “diario” para que les contase sus vidas, Mathieu
forma un coro otorgándole a cada niño cierta importancia. Con esto
lo que consiguen ambos es unificar la clase y ganarse la confianza de
sus alumnos, ya que se convierten en sus amigos.
Además, ambos muestran su carácter renovador e inclusivo frente a la dirección que se limitan a dar la materia, sin detenerse en cada alumno. Esta será un impedimento para realizar los objetivos de ambos profesores, pero al final lo conseguirán.
Por
último, ambos profesores se implican, se preocupan, se abren hacia
sus alumnos, lo cual hace que los niños se sientan cómodos, y se
respeten entre ellos.
Para
entender bien esta palabra y lo que conlleva, buscamos artículos en
los que se explicara su significado. La resiliencia puede definirse
como la capacidad de recuperarse, sobreponerse y adaptarse con éxito
frente a la adversidad, y de desarrollar competencia social,
académica y vocacional. (Henderson, N. & Milstein, M. M; 2003).
Pensamos que hay que llevarla a las escuelas, para ello es necesario que haya docentes con una actitud constructora de resiliencia que transmitan a sus alumnos esperanza y optimismo, como vimos en las dos películas que usamos como ejemplo.
Un
maestro no puede limitar a sus clases a dar una aburrida teoría,
mandar deberes e irse a su casa, esperando que todos le obedezcan aún
teniendo problemas ajenos a la escuela, como puede ser una familia
desestructurada. La escuela es la segunda casa de los niños, y el
maestro debe, además de enseñarles conocimientos teóricos, darles
la oportunidad de que aquellos que tienen una vida difícil cuenten
con la esperanza de tener éxito en un futuro.
Para
ello, el maestro debe enriquecer los vínculos en el aula, enseñar
habilidades en la vida, brindar apoyo y afecto, transmitir
expectativas elevadas y dar oportunidades de participación
significativa.
Nadie
tiene un futuro fijado y todos podemos cambiar nuestro destino con
nuestras propias acciones, esto deben saberlo todos los niños, sobretodo, aquellos que cuentan con una vida difícil en la que la
sociedad le da a pensar que no pueden ser lo que ellos quieran ser
realmente, por ejemplo, un niño cuyos padres son drogadictos, no
tiene porque en un futuro tomar ese ejemplo y ser como ellos, no
tiene porque dejar sus estudios a temprana edad para formar parte de la
delincuencia; esto puede cambiarlo el propio maestro que debe hacerle
saber al niño que, con su esfuerzo, puede llegar a tener éxito en la
vida.
Referencias:
- Henderson,
N., & Milstein, M. M. (2003). Resiliencia
en la escuela.
Buenos Aires: Paidós.
